lunes, 3 de enero de 2011

PANORÁMICA DE LAS SIETE IGLESIAS

PANORÁMICA DE 

LAS SIETE IGLESIAS


“20El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias”. Apocalipsis 1:20.

Tiempo de arrepentimiento
Vamos a continuar estudiando el Libro del Apocalipsis. Hoy vamos a ver sólo en forma panorámica los capítulos 2 y 3, sin entrar en forma detenida en ellos. En el capítulo 1:19, el Señor le presenta en tres etapas el Apocalipsis a Juan el apóstol. Dice: “Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de éstas”. Las cosas que has visto, se refieren a la visión del Cristo glorificado con todo lo que ello revela y que era que lo que acaba de ver el apóstol Juan. Las cosas que son, como lo dice el mismo Señor en el verso 20: “Las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias”; entonces las cosas que son, es lo que corresponde a los siete ángeles de las siete iglesias y a las siete iglesias; o sea, las siete estrellas y los siete candeleros.

El misterio de las siete estrellas en la diestra del Hijo del Hombre y de los siete candeleros de oro, es las cosas que son. Luego dice: “Las cosas que han de ser después de estas”. Entonces en el capítulo 4, dice: “Después de esto miré”; ahí corresponde a las cosas que han de ser después. Las cosas que has visto, son, pues, de esencia cristológica; las cosas que son, lo que es ahora, son de esencia eclesiológica; y las cosas que han de ser después de éstas, son de esencia escatológica. De manera que en los capítulos 2 y 3 de Apocalipsis, tenemos las cosas que son. Tenemos la vida y prueba de la Iglesia en el mundo, antes de la venida del Señor y para la venida del Señor.


En estos dos capítulos, Dios nos muestra la victoria de la Iglesia, el discernimiento que el Señor tiene de los problemas de la Iglesia; ahí están las advertencias del Señor a la Iglesia y el llamamiento al arrepentimiento; es tiempo de arrepentimiento. Las cosas que son, son tiempo de arrepentimiento. Esa palabra de arrepentirse aparece en todo el capítulo 2 y en el capítulo 3; solamente a la iglesia en Esmirna y a la iglesia en Filadelfia, el Señor no les reprocha nada, no les pide que se arrepientan; pero el llamado de arrepentimiento del Señor a las iglesias durante toda la historia de la Iglesia es constante.

En las cosas que son hay una demanda del Señor permanente, que es arrepentimiento. Hermanos, estas son palabras directas del Señor Jesús a las iglesias, palabras del Espíritu a las iglesias; y tenemos mucho que aprender de estos dos capítulos.


El aspecto de arrepentirse, quisiera que ustedes lo vean conmigo, por ejemplo, en el capítulo 2, cuando le habla a la iglesia en Efeso, en el verso 5, dice: “Recuerda, por tanto, de donde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras”. Vemos un llamado al arrepentimiento a la iglesia en Efeso, tanto en lo histórico como en lo profético, representando un período específico de la historia eclesiástica. Como les dije, a Esmirna el Señor no le reprocha nada, entonces no le pide arrepentirse; la iglesia más bien está en persecución y el Señor la anima a ser fiel hasta la muerte. En la carta a Pérgamo, en 2:16, después de haberle dicho lo que el Señor tiene en contra de la iglesia en Pérgamo, le dice: “Por tanto, arrepiéntete, pues si no, vendré a ti, pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca”. El Señor sigue llamando al arrepentimiento; o sea, es tiempo de arrepentimiento. Desde la historia de la Iglesia es tiempo de arrepentimiento. En el mensaje a Tiatira, ustedes pueden ver lo mismo, después de hablar de Jezabel, etc., dice en 2:21: “21Y le he dado tiempo para que se arrepienta, (¿para qué ha dado tiempo? Para que se arrepienta) pero no quiere arrepentirse de su fornicación.

 22He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella”. Aquí estamos viendo al Señor insistiendo en el arrepentimiento.

En el capítulo 3, cuando le habla a Sardis, también  dice: “3Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a que hora vendré sobre ti”; o sea, recuerda lo que has recibido y oído; y guárdalo y arrepiéntete. A Filadelfia el Señor no le reprocha nada, por lo tanto, tampoco le pide que se arrepienta. Pero a Laodicea, que es la última de estas siete iglesias y que representa la iglesia moderna, el Señor le dice en el versículo 19: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete”; o sea que el mensaje del llamamiento al arrepentimiento de parte del Señor es de principio a fin durante toda la historia de la iglesia.

Credenciales del Señor
El Señor con estos dos capítulos está retratando los problemas típicos de la Iglesia, sus pecados, sus caídas, y el Señor le llama al arrepentimiento y le da la solución; también el Señor, según el problema, se presenta a la iglesia  con unas credenciales diferentes.

En el capítulo 1, las cosas que has visto: la visión del Cristo glorificado, se nos presenta la visión integrada del Señor Jesús; pero cuando el Señor comienza a hablarle a las iglesias, como las condiciones de cada iglesia son diferentes, entonces el Señor se presenta a cada iglesia, digamos, con una cara distinta; no que Él tenga muchas caras; lo que quiero decir es que si el problema es equis, Él tiene que presentarse a la iglesia con una porción de Su ser para enfrentar esa situación. La situación en Esmirna era diferente a la de Efeso; entonces Él se presenta de manera diferente, aunque es el mismo Señor. A cada iglesia Él se presenta de manera diferente porque cada iglesia representa una situación diferente; entonces el Señor tiene las distintas credenciales para tratar los problemas de la iglesia.


Éfeso. Por ejemplo, si ustedes siguen conmigo (hoy sólo estamos viendo la panorámica), en el capítulo 2, a la iglesia en Efeso, que corría el peligro de que su candelero fuera removido, el Señor se le presenta a ella conforme a la necesidad de la iglesia en Efeso y le dice: “El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto”; o sea, el Señor se presenta como el que está entre los siete candeleros, como el que vela para que cada candelero esté en su lugar; las estrellas están en su diestra y Él es el Sumo Sacerdote, y el Sumo Sacerdote tiene el trabajo de mantener los candeleros en Su templo. Efeso tenía el problema de que el candelero fuera quitado; por eso, es el Sumo Sacerdote el que tiene que tener esos candeleros delante del Señor; entonces, le habla a Efeso lo necesario y se le presenta en ese mismo sentido, según su necesidad.


Esmirna. En cambio la iglesia en Esmirna estaba en otro problema; la iglesia en Esmirna estaba pasando por persecución, estaba pasando por pobreza, por tribulación, e iba a pasar mucho más de la que estaba pasando; entonces el Señor se le presenta con otra credencial. Le dice a la iglesia en Esmirna: “El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió, dice esto”. Él le va a pedir a la iglesia en Esmirna que sea fiel hasta la muerte, pero la iglesia ¿cómo va a ser fiel hasta la muerte, sin la ayuda del Señor? Entonces el Señor se presenta como que Él estuvo muerto: Yo estuve muerto primero, yo no te estoy diciendo que hagas alto tú por lo cual yo no haya pasado; yo pasé por la muerte y yo sé lo que estoy haciendo; mira, he aquí que vivo por los siglos de los siglos; yo soy no sólo el primero, soy también el último; me mataron, pero fíjense en que vencí la muerte; por lo tanto, tengo autoridad para decirte que tú también seas fiel hasta la muerte, y yo el que vivo, el que vencí la muerte, te daré la corona de la vida y no sufrirás daño de la segunda muerte; no te preocupes de la primera; la segunda es la peligrosa.


Pérgamo. El caso de Pérgamo era diferente; en Pérgamo había una mezcla de lo puro con lo impuro: estaban los nicolaítas, estaba la doctrina de Balaam, y el Señor se le presenta como el que tiene la espada de dos filos. ¿Se dan cuenta? La situación de Pérgamo requería que el Señor se le presentara de una manera diferente a como se le presentó a Esmirna. El Señor a Pérgamo, que estaba mezclado, Pérgamo: muy casado con el mundo, tenía el Señor que presentársele como aquel que separa lo santo de lo profano, lo puro de lo vil, lo celestial de lo terrenal, lo carnal de lo espiritual; el que tiene la espada de dos filos, porque el caso de Pérgamo era de mezcla.


Tiatira. En el caso de Tiatira estaba nada menos que Jezabel siendo tolerada por la iglesia y enseñando la fornicación y enseñando la idolatría, y ellos lo estaban tolerando; entonces el Señor no lo tolera y se presenta como el Hijo de Dios que tiene ojos como llama de fuego; o sea que penetra hasta lo último para juzgar el pecado de la iglesia.


Sardis. En Sardis, lo que pasaba con Sardis era que tenía la tendencia a dejar perder las cosas. El Señor le dice a Sardis de que no he hallado tus obras perfectas, que guarde las cosas que están para morir; entonces la necesidad de Sardis es diferente y el Señor se le presenta a Sardis como: “El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas”; el Señor representa la plenitud como remedio a su  situación de parcialidad, de pérdida, de nominalismo; Sardis tiene nombre de que vive pero no tiene realmente vida; o sea que aparece la respuesta para la condición de Sardis.


Filadelfia. A Filadelfia, que es a quien el Señor no le reprocha nada y le va a abrir una puerta, entonces se presenta como: “el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre”.


Laodicea. Ahora, la iglesia de Laodicea, que es la iglesia final, es la iglesia tibia, entonces el Señor se le presenta como el Amén, como el último, como el que sí cumple y se le presenta como: “el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios”. Vemos, pues, que cada manifestación del Señor, cada cara que el Señor presenta a la iglesia, se corresponde con la necesidad de la iglesia.


Dos grandes grupos de iglesias
Otra cosa que debemos ver en esta panorámica, es las dos maneras como están agrupadas las iglesias aquí; aunque en el siglo XII, el arzobispo de Cantorbery Robert Landon dividió la Biblia en capítulos, y un siglo después otro arzobispo, sucesor de él en Cantorbery la dividió en versículos, originalmente cuando la Biblia fue escrita no tenía ni versículos ni capítulos; claro que son útiles porque rápidamente uno encuentra las cosas; solamente que a veces las separaciones no siempre coinciden con las separaciones intrínsecas de la Palabra. Aquí por ejemplo, en el capítulo 2, agruparon cuatro iglesias, y en el capítulo 3, agruparon tres iglesias. En el 2 agruparon: Efeso, Esmirna, Pérgamo y Tiatira, y en el 3 agruparon: Sardis, Filadelfia y Laodicea. Ahora, si ustedes hacen un estudio detenido y minucioso, se dan cuenta de que la agrupación más correcta sería en el capítulo 2 solamente Efeso, Esmirna y Pérgamo; y en el capítulo 3: Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea, por lo siguiente: Fíjense en cómo las tres iglesias primeras tienen unas características, y las cuatro iglesias finales tienen otras características. El Señor se dirige de manera diferente a las tres primeras y a las cuatro últimas, y vamos a ver esa diferencia en la manera como el Señor les habla. Fíjense conmigo en cómo le habla a las tres primeras. En el capítulo 2, en el versículo 7, lo mismo en el versículo 11 y lo mismo en el versículo 17, el Señor coloca algo primero y algo después, pero luego cambia el orden en las otras cuatro iglesias; eso es por algo.

Entonces fíjense en cómo le habla a las tres primeras; en 2:7 dice: “El que tiene oído, (le dice a la iglesia) oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. Luego dice: “Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios”. Este mismo orden, primero: “el que tiene oído, oiga” y segundo: “al que venciere”, aparece en las tres primeras iglesias. A Esmirna le dice en el verso 11: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.” Y luego dice: “El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte”.

El mismo orden aparece en la tercera iglesia, en Pérgamo, en el versículo 17: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. Y luego dice: “Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe”.

De esta manera, llamando primero a los que tienen oído para oír y luego prometiendo recompensa a los vencedores, en ese orden, le habla el Señor a estas tres primeras iglesias:  A Efeso, Esmirna y Pérgamo.


Pero fíjense en que a partir de Titatira y siguiendo con Sardis, Filadelfia y Laodicea, el Señor cambia el orden, el Espíritu Santo cambia el orden. A Tiatira le dice en el capítulo 2, versículo 26, y empieza diciendo primero el Señor: “26Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, 27y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero, como yo también la he recibido de mi Padre; 28y le daré la estrella de la mañana. 29El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. Ahora, a partir de Tiatira, primero el Señor menciona el galardón a los vencedores y luego hace el llamamiento a los que tienen oído para oír. Lo mismo en Sardis en los versículos 5 y 6 del capítulo 3; dice: “5El que venciere (y se habla primero del que venciere) será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles. 6El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. Primero mencionó ahora al que venciere. Lo mismo en Filadelfia, en el capítulo 3, versículos 12 y 13: “12Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo. 13El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. Lo mismo sucede en el mensaje a Laodicea, en el versículo 21 del capítulo 3: “21Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. 22El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.


Vemos, pues, que en las tres primeras iglesias, el Señor le habla primero a las iglesias y luego a los vencedores; pero en las cuatro últimas iglesias, el Señor le habla primero a los vencedores y luego a las iglesias; eso es muy interesante, porque a las cuatro últimas iglesias desde Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea, no solamente se habla primero a los vencedores, sino que a estas iglesias se les menciona la venida de Cristo; o sea que estas cuatro iglesias, las condiciones reveladas en estas cuatro iglesias, van a encontrarse así en la venida del Señor Jesucristo; por eso el Señor llama primero a los vencedores a vencer esas condiciones. Fíjense en que en el primer capítulo, cuando le habla el Señor a Efeso, no le menciona de manera clara la segunda venida del Señor, aunque el versículo 5 sí dice: “pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido”, pero ese vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero, debe referirse no precisamente a la venida del Señor, sino al juicio del Señor a una iglesia local que no se arrepintió de los pecados que el Señor le mostró; entonces el Señor removerá su candelero; o sea que no necesariamente allí se refiere a la venida del Señor; luego si usted ve el mensaje a Esmirna allí no se menciona la segunda venida del Señor; si ve el mensaje a Pérgamo, ahí sí en el versículo 16, dice: “vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca”; claro que en la segunda venida de Cristo, Él vendrá con la espada de su boca; pero aquí en el contexto de Pérgamo, es la visita al pecado de la iglesia, en el tiempo de la iglesia; como también a Tiatira le dice: le he dado tiempo a Jezabel que se arrepienta; no quiere arrepentirse, he aquí la arrojo en cama y a los que con ella adulteran; a sus hijos heriré de muerte; esa es una visitación anterior a la segunda venida de Cristo.


A Tiatira sí le dice las cosas de una manera más seria. Luego le dice en el versículo 25: “pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga”. O sea que aquellos vencedores de la condición caída de Tiatira, de la que el Señor dice: a los que están entre vosotros que no tienen esa doctrina de los caídos de Tiatira, no les pondré otra carga; entonces les dice el Señor que retengan eso hasta que el Señor venga; o sea que habrá vencedores de la condición de Tiatira que estarán hasta la venida del Señor; de manera que lo que representa Tiatira en la historia de la iglesia es la condición católico romana; después estaremos viendo con más detalles los versos; va a durar así hasta la venida del Señor, pero el Señor va a tener algunos vencedores aquí. Luego en el mensaje a Sardis, también el Señor menciona la segunda venida de Cristo ya con propiedad y dice en el verso 3, del capítulo 3: “Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás qué hora vendré sobre ti”; o sea que de esta iglesia de Sardis, que en lo profético representa al protestantismo, posterior al catolicismo, muchos estarán en esa condición; serán sorprendidos en esa condición cuando el Señor venga, porque el Señor le habla a la iglesia de Sardis que representa al protestantismo diciéndole: “vendré sobre ti como ladrón”; o sea que el Señor menciona la segunda venida de Cristo a Sardis. Le menciona la segunda venida de Cristo a Tiatira; quiere decir que habrá situaciones de cristianismo representadas por Tiatira cuando el Señor venga, en esa condición; lo mismo personas representadas en la condición de Sardis serán encontradas en esa condición cuando el Señor venga. Ahora lo mismo dice a Filadelfia, en el capítulo 3, dice el verso 11: “He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona”; o sea que aquellos hermanos que están en la condición representada por Filadelfia, el Señor quiere que continúen así, reteniendo lo que tienen; a Filadelfia el Señor no le reprocha nada, hasta que el Señor venga: “He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona”.


En el caso de Laodicea, que es la última, el Señor menciona su venida, cuando le dice en el verso 20: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo”; puede que estar a la puerta no es sólo ahora en la vida privada, sino también a la puerta de la venida del Señor. Entonces, las cuatro últimas iglesias, por la palabra del Señor nos muestran que serán encontrados cristianos en estas diferentes condiciones: cristianos en el estado de Tiatira, lo que representa la iglesia en Tiatira, cristianos en el estado que representa la iglesia en Sardis, cristianos en el estado que representa la iglesia en Filadelfia y cristianos en el estado que representa la iglesia en Laodicea.


Un llamado a los vencedores
En las primeras tres iglesias, el Señor primeramente le habla a la iglesia en general y luego le habla a los vencedores; representa aquellos períodos antiguos de la historia de la Iglesia. Efeso representando aquel período inmediatamente subsiguiente al período apostólico, Esmirna representando el período de las persecuciones, Pérgamo representando aquel período desde Constantino en adelante, de la iglesia mezclada ya con lo mundano. Luego Tiatira representando el estado ya católico romano, absolutista, desde la época de aquellos Papas como Julio II, Inocencio III, Nicolás I, pero en el caso de la iglesia católica habrá cristianos en ese estado cuando el Señor venga, pero el Señor llama a vencer ese estado; lo que el Señor reprende de la condición de Tiatira, debe ser vencido por algunos; luego lo mismo sucede cuando después del período católico, viene la Reforma representada por Sardis; el Señor también le dice que vendrá como ladrón; o sea que habrá personas viviendo el protestantismo, algunos viviendo la situación que el Señor reprende a Sardis; entonces serán sorprendidos; es decir, el Señor busca que las personas que están en el catolicismo sean vencedoras para recibir al Señor, los que están en el protestantismo sean vencedores, los que han superado el período protestante y entraron en Filadelfia, que quiere decir el amor fraternal, la acción de la unidad del cuerpo de Cristo, cristocéntrica, basada en la Palabra, que ha guardado Su nombre, cristocéntrica, Su  palabra y la paciencia, representa una etapa superior al protestantismo; el Señor a ella no le pide que se arrepienta, sino que retenga lo que tiene, que mantenga su fidelidad porque Él viene pronto; o sea que muchos hermanos estarán en esta condición cuando el Señor venga. Es decir, que la cristiandad va a ser sorprendida en muchas condiciones: en la condición de Tiatira: catolicismo romano; la condición de Sardis: protestantismo; la condición de Filadelfia: la visión del cuerpo de Cristo; y la condición caída de Laodicea que quiere decir: los derechos humanos, el laicismo, la teología de la prosperidad; muchos serán hallados en esa condición sin vencer. El Señor llama a todos a vencer.

Las recompensas a los vencedores
De la misma manera como las condiciones son diferentes y las condiciones se tienen que vencer, entonces también según son las condiciones a vencer, son también las recompensas; por eso el Señor no se presenta a todas las iglesias de la misma manera, aunque es el mismo Señor, sino que a cada una se presenta según lo que necesita esa iglesia; pero también a cada uno el Señor le ofrece una recompensa que se corresponde con lo que tiene que vencer la iglesia. Por ejemplo, si ustedes ven la recompensa a Efeso, ¿cuál era el problema más grave de Efeso? Que había perdido el primer amor, es decir, tenía obras, esfuerzos, pero ya no estaba en la comunión íntima con el Señor, ya no estaba en el fluir de vida en el Espíritu; entonces el Señor ¿qué le dice a los que venzan? Te daré a comer del árbol de la vida que está en medio del paraíso de Dios. En cambio, ¿cuál era el problema que tenía la iglesia en Esmirna? La iglesia en Esmirna estaba en persecuciones, estaba sufriendo, estaba en pobreza, estaba en aflicción; entonces la recompensa tiene que ver justamente con eso; ellos van a morir la primera muerte; el diablo va a matar a algunos de vosotros, pero el Señor les dice: al que venciere no sufrirá daño de la segunda muerte. Vemos que la recompensa se corresponde con lo que ellos tuvieron que vencer; ellos tuvieron que vencer el temor a la muerte, tuvieron que pasar por la persecución y por la muerte misma, por el martirio, entonces la recompensa de ellos es que no sufrirán daño de la segunda muerte. Muchos pasarán por la primera y después por la segunda, pero los que venzan y pongan su vida a muerte por el Señor no sufrirán daño de la segunda muerte, que es la que separa del Señor.

En el caso de la iglesia en Pérgamo que era una iglesia mezclada, a la cual el Señor se presentó como el que tenía la espada de dos filos, el Señor a esta iglesia le ofrece otra recompensa; dice allí: “Al que venciere, daré a comer del maná escondido”; lo que es escondido es lo que es reservado, de lo cual no pueden comer todos; solamente quien está separado puede comer de lo escondido; los que están mezclados no pueden comer de lo escondido. Segundo, dice que le daría una piedrecita blanca y en ella un nombre escrito que ninguno conoce. Cuando la iglesia se mezcló con la política, la política de la época tenía la costumbre de votar por balotas que eran piedrecitas blancas, justamente; pero aquellos que sean vencedores de esa condición de mezcla, el Señor vota por ellos. ¿Se dan cuenta? Le daré una piedrecita blanca, le daré mi voto; te escogeré a ti, eres un vencedor, entonces tu nombre estará allí. Después entraremos en más detalles, hoy solamente estamos viendo la panorámica general.


En el caso de Tiatira, ustedes ven cuál era la condición terrible de Tiatira; entonces era el período nada menos que del absolutismo papal cuando los Papas coronaban los emperadores, y si los emperadores no se sometían al Papa, entonces los Papas liberaban a los súbditos de la obediencia al emperador, y por eso todos tenían que someterse; y ese era el tiempo de ese gobierno,  esa mujer dominante, Jezabel, que enseñaba la idolatría, enseñaba la fornicación espiritual, como la gran ramera que fornica con los reyes de la tierra. Al que venciere esto, el Señor le dice lo siguiente: “Yo le daré autoridad sobre las naciones”, porque allá en esa época todos querían estarse codeando con el conde tal, con el príncipe tal; fue la época no sólo del feudalismo de los reyes, duques y archiduques, sino de los obispos y arzobispos; pero a los que vencieren eso, el Señor sí les dará verdadera autoridad en el milenio para reinar sobre las naciones, “y las regirá con vara de hierro, .... y le daré la estrella de la mañana”, que es el Señor mismo; Él es la estrella de la mañana. En el caso de Sardis, que estaba como perdiendo lo que había recibido, el Señor le dice: “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida”. Sobre esto vamos a tener toda una enseñanza larga porque esto necesita mucho cuidado; y dice: “Será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré mi nombre delante de mi Padre”. Fíjense en que lo que el Señor le reprocha a Sardis es de que tiene nombre de que vive, pero está muerto; es decir, tiene nombre que no es; Si vence, el Señor le va a dar el nombre que sí es, y lo va a vestir de vestiduras blancas, mostrando que realmente está separado y vive para Dios, y que no ha dejado perder lo que el Señor reprocha que han perdido.


Ahora veamos el caso de la iglesia en Filadelfia. Filadelfia quiere decir amor fraternal, que es la comunión del cuerpo de Cristo. Filadelfia es cristocéntrica y bíblica, y con paciencia; entonces los otros, los que habían menospreciado a éstos, diciendo: nosotros somos judíos, nosotros tenemos algo que ustedes no tienen; la sinagoga de Satanás que decían ser judíos y no lo eran, que tenían pretensiones en cuanto a ellos, menospreciándolos a ellos, el Señor dice que hará que aquellos vengan y reconozcan a los que habían menospreciado; y a éstos que realmente vivieron la realidad del cuerpo de Cristo, los hará columna en el templo del Dios vivo y nunca saldrán de allí; y pondrá sobre él, el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén; o sea, los reconocerá como la esposa del Cordero. Por eso es muy importante realmente, hermanos, entender esto de Filadelfia; porque la iglesia en Esmirna, la de las persecuciones de aquella época de los cesares, ya pasó; no le reprochó nada el Señor, pero tampoco les abrió una puerta. A la única iglesia a la cual el Señor no le reprocha nada y el Señor le abre la puerta, es a Filadelfia; o sea que el Señor en el contexto de todos estos capítulos está mostrando lo que Él no quiere que sea la iglesia y lo que Él sí quiere que sea la iglesia; lo que Él aprueba; es como el sacerdote echándole aceite al candelero, a las lámparas; y lo que Él reprueba, es como el sacerdote con la despabiladera quitando las partes secas de la mecha para que no humeen, ni enrarezcan el ambiente, ¿verdad?


Entonces a Laodicea, que es la gente de la última época, que es quizá
la iglesia más acusada, donde el Señor dice que a los tibios, que no se arrepintieren, los vomitaría de su boca, el vencer la condición de Laodicea tiene una recompensa altísima; dice: “Al que venciere, se sentará conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono”; es decir, vencer la tibieza, vencer esa vida solamente de comodidades y de decires, pero sin realidad espiritual, vencer eso, tiene una recompensa altísima; el Señor ofrece la recompensa según la condición que los vencedores venzan. Cada época tiene sus cosas malas que tienen que ser vencidas por la iglesia en nombre de Cristo.


Jesucristo es el vencedor
Cristo es la victoria sobre todos los problemas del diablo, sobre todos los problemas del mundo; y la lucha del diablo y del mundo contra la Iglesia se da en la historia de la Iglesia; y Cristo es el que tiene las credenciales para vencer cualquier situación de la Iglesia en el mundo; por lo tanto, el Señor dejó espacio para que la Iglesia viva Su vida, enfrente al mundo y al príncipe de este mundo en todas las situaciones, pero Cristo es la respuesta y Cristo es la suficiencia de la Iglesia para vencer cualquier situación.

Cada época tiene su espíritu, cada época tiene sus males y Cristo venció al mundo y lo demuestra a través de los vencedores de la iglesia en cualquier época. Unos vencedores fueron escogidos para mostrar la victoria de Cristo en unas condiciones; después el Señor permitió que el diablo cambiara las condiciones. Primero, las condiciones fueron de persecución y el diablo quiso demostrarle al Señor de que va a vencer al Señor y trajo persecución, como le dijo respecto de Job: Déjame que toque su carne y vas a ver como blasfema delante de ti; y asimismo el diablo pidió permiso, porque no va a poder tocar a la iglesia en Esmirna sin permiso, para demostrarle a Dios que con persecución no hay iglesia;  y el Señor, que es el vencedor, que estuvo muerto y vivió, le dio vida a los vencedores, para vencer al diablo. El diablo dijo: como con persecución no me funcionó la cosa, entonces ahora les voy a dar con la política, les voy a dar los templos de los paganos, ahora van a ser encargados de la tesorería del Estado, van a ser los jueces y los probó por otro lado, por el lado de Pérgamo y de Tiatira; entonces el Señor que es también el vencedor, que se presentó con esa credencial específica para esa necesidad específica, concedió demostrar Su victoria sobre ese otro aspecto contra el diablo y el mundo a través de los vencedores de esa época.


Comodidad o revolución
Pero el diablo cada vez sale con cosas nuevas y Dios deja que venga con ese cuento a la iglesia, y la iglesia tiene que vencer todos los cuentos del diablo, con los que el diablo venga. La iglesia ha pasado por muchas situaciones. Ahora en la iglesia de los tiempos finales, la que vive en otras condiciones, ahora el diablo ha dado prosperidad a muchos y revolución a otros: Laodicea. Laodicea son los derechos humanos, los derechos del pueblo, de los laicos; por un lado es revolución y por  otro lado es prosperidad; somos ricos, enriquecidos y no tengo necesidad de nada. La gente vive pensando en la comodidad o en la revolución; y esa condición también tiene que ser vencida por la iglesia. El Señor es el Amén, es el testigo fiel; el Señor no se ladea para la izquierda ni para la derecha. El Señor venció al mundo, y dice a Su iglesia: Confiad en mí, yo he vencido al mundo.

San Juan dice: y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe; y esa victoria de Cristo sobre el mundo y de la iglesia en Cristo sobre el mundo, es demostrada por los vencedores en todo ese abanico de situaciones mundiales con que el diablo le resiste a la Iglesia, a Dios y a la Iglesia. El Señor deja al diablo hacer de las suyas. El que venciere.


Entonces, hermanos, debemos entender respecto a nuestra época que también a nosotros nos correspondió, en unión con la vida de Cristo todo suficiente, vencer las condiciones que el diablo nos ha puesto en esta época. Hoy no estamos en la época de la iglesia primitiva, en la época de la Reforma, en la época medieval; hoy estamos en estos últimos tiempos, en esa iglesia así como la de Laodicea y tenemos que vencer, tenemos que entender a qué somos llamados a vencer.

Unos fueron puestos por Dios para vencer unos aspectos, otros, otros; otros, otros; unos tuvieron que vencer el temor a la muerte, al martirio, pero otros tienen que vencer la prosperidad, la comodidad que lleva a la tibieza. Son cosas distintas; todo es la riqueza de Cristo, que Su plenitud se exprese en el cuerpo de Cristo, y el Cuerpo de Cristo está representado en estos siete candeleros; pero estos siete candeleros tienen al Hijo del Hombre en medio; por lo tanto, es la riqueza del Hijo del Hombre en el cuerpo de Cristo en toda clase de situaciones habidas y por haber que al diablo se le puedan ocurrir. El Señor deja que el diablo haga su propuesta, le deja que tiente a Job, le da permiso para que tiente a Pedro. Simón, Satanás te ha pedido para zarandearte; y el Señor dice: es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino. A veces las pruebas vienen por donde uno no se imagina; está uno preparado para éstas y le vienen por otro lado, y el Señor quiere a la Iglesia preparada en todo para vencer cualquier condición, cualquier situación.


El Señor es suficiente; Él tiene todas las credenciales para eso, para esto, para aquello, para lo otro, y entonces nosotros, en unión con Cristo, debemos vencer todo para recibir los galardones que Él tiene; Él es el mejor galardón, la estrella de la mañana es un galardón; estar con Él sentado cerca de Él en su trono es un gran galardón; no tanto cosas exteriores que también son añadidas. Lo importante es el Señor mismo, la plenitud de Dios, poder ser uno con Él, poder ser como Él, poder representarlo fielmente a Él; pero para eso, para ser facultados para eso, tenemos que pasar por todos estos hornos.


Digamos que cada una de estas etapas es como un horno; aquí somos probados en esta situación, allí en otra, allí en otra; son siete situaciones, representando la plenitud de las situaciones que el diablo pudiere presentar. La iglesia tiene que vencer; ya después entonces, Dios mediante, entraremos una por una a las siete iglesias, pero era importante antes ver esta panorámica de las iglesias. ☐

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